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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2007. SuerteCasi puedo alcanzarte, estas ahí, delante, postrada pero desafiante, siempre perseguida, nunca en mi mano, perdida, esculpida para otros, bello semblante, perceptible para unos pocos, cándido fervor de cérvix y sensual, indoloro, insípida para unos, con la cabeza llena de colores para otros, deleite de los que ven, deleite de los que anhelan sentirla, placer para los ojos, vivirla, ese aire de desdén, esos gestos de pordiosera, sentada fumando, ensimismada, tardía, como de otra era, siempre esperando, esos caminos por recorrer, esas locuras por llegar, esos obstáculos a vencer.
Casi puedo tocarte, a un paso, dos, tres, no te cansas de esperarme, es triste pero no lo ves, eternamente en la puerta, pestillo quitado, con los brazos abiertos, quiero estar a tu lado, basta de tardes desiertas, de puños alzados en pié de guerra, quiero sentir tus labios, se puede olvidar, se puede maldecir, tantas y tantas mentiras gritar, pero no se puede escribir sin un corazón servil dispuesto a amar, por qué entonces me pones a prueba, por qué las mentiras, los insultos, las tretas, qué fue de la pasión, la ira, las heridas abiertas, la sal de tu sangre corriendo por mis venas.
Hugo Alvarado Gómez ®
Otra pausa dramáticaTienes un credo diferente, eres distinta, no eres como el resto de la gente, tu raza es extinta, pasas el tiempo soñando, perdida, nadie lo ve pero tu ya lo has imaginado, abriendo una y otra vez la misma herida, secretos desentrañando, dedicas tus mejores momentos, esa falacia compartida, a los pobres sin suerte, pausas dramáticas y otros tormentos, sin red irremisible caída, abrazas deseos imposibles, caricias en tu espalda dormida, secretas, felinas, tristes por naturaleza, inútiles como la última colilla, destruidos para renacer, pero aquí no hay Fénix, sólo plumas quemadas, con las que no hay quien escriba.
Pedazos de una estirpe que yace dormida, bajo mil kilos de tierra, a dos metros del aire que respiras, yacen eternos los que nunca caminan, pesadillas que nunca se olvidan, días de angustia y sobrecogimiento, de dudas y preguntas interminables, de pena, tristeza y color amarillo macilento, pero se acaba la espera, la agonía se termina, estás ahí sentada, a la vuelta de la esquina, con tu sonrisa velada, con tus zapatillas de bailarina, grácil, esbelta, alma helada, lasciva y perfecta, pero no eres tú, no puede ser, otra vez la misma mentira, sigues del lado de la muerte, oculta entre su progenie, vástagos malditos que roban mi tesoro, mi única salida, desdichado, derrotado, postrero y tardío, sentimientos que no llegan, mejor haberlos olvidado. porque dejarlos crecer es como nacer muerto, vivir una mentira y morir matando.
Hugo Alvarado Gómez ®
Ceniza y llantosEl sentimiento nuevo de la esperanza, resucitando entre postreros pendones, caído entre flagrantes delitos y alborozados estandartes, entre cajas de pino y crespones dorados, caballeros denostados, por el tiempo, por los que creen que la historia les pertenece por haber ganado, lastimeras respuestas de sus hijos, cuencas vacías y nadie para reprocharlo, que no son los buenos malditos ni demoníacos los malos, que no dueños del legado los que nunca fueron sus amos.
De tristeza vital embargados, herederos de nada ni de las cenizas ardientes de un imperio dorado, bastiones perdidos por unos pocos derrotados, toda una vida de vergüenza y agravios, emergente la nueva era, hijos de una raza orgullosa y por todos olvidados, perdidos entre los hombres, como ratas, desdichados, reuníos ahora hermanos, alzad picas, espadas y puños ensangrentados, ha llegado la hora de los hombres, la hora de los desheredados.
Hugo Alvarado Gómez ® Mentirosa laceradaPequeños detalles que nunca te mostré, esos momentos que nunca te dí, una vida para lamentarme, lágrimas que guardo para tí.
Páginas de un libro en blanco, marcapáginas negro carmesí, pluma larga y fina, palabras que nunca escribí.
Días fríos y extraños, baños de rosa y jazmín, retales de nuestro pasado, pequeñas manchas de tu carmín.
Legajos de poesías rotas, frágiles, las hojeo, desgarradas por un dolor, por mil, sereno escribo, borro, leo, una y otra vez los mismos sentimientos que nunca tengo.
Perdona los errores, es mejor no saberlo, perdona las noches en vela, las miradas de desprecio, olvida las palabras de orgullo, los pecados de este pobre soberbio, a veces el destino nos depara un oscuro y mal remedio, de heridas que no cierran, de tiempos mejores los ecos, porque, amigo, a veces hay trenes que mejor no cogerlos.
Hugo Alvarado Gómez ®
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Hugo Alvarado Gómezodiolaginebra@hotmail.com
Soy juguete en tus manos. TemasArchivos
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