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Hugo Alvarado Gómez

Deambulante

Creia querer tanto que por tanto me moría,

daba vida al sueño postrero y la esperanza perdida,

tristes calaveras, sin alma y sin miedo al pasar me sonreían,

qué pudo ser lo que fue, qué fue lo que no nació,

que ya no pretendo nada, y ya no hay llanto desgarrador,

tibias palabras, sentimientos pobres, es todo lo que me quedó.

 

Nada más certero, hendido en tu pecho,

voluble  y siseante surcaba el cielo,

gritos de aviso que nunca se oyeron,

palabras de amor cuando yacías muerto,

sueños optimistas extraviados, de equilibristas, enanos y marionetas de trapo,

de canciones olvidadas, vigilia y angustia en un invierto frío y largo.

 

No tengo palabras para describir ese estado,

no existe cosa parecida en que me haya encontrado,

lugar recóndito excavado en el subconsciente,

tabernáculos de Dante, Mefistófeles vivos y presentes,

nunca más se supo del precio pagado,

por encontrar tanta desdicha como algo rutinario.

 

Que por el camino que lleva a trus brazos sangraba pero seguía caminando,

que te recordaba viva cogidos de la mano,

la daga lacerante sin piedad atravesó mi pecho de amante,

ni un paso más por este destino ingrato,

de mentiras que perduran, de presbiterios y beatos,

De como el amor pervive a muertos, vivos y extraños.

Hugo Alvarado Gómez ®

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